MELGAR ES UN SENTIMIENTO
QUE LLEVAMOS EN EL CORAZÓN
La primera vez que mi padre me llevó al estadio permanece intacta en
mi memoria. Junto a mi primo, o mejor dicho mi hermano mayor, César,
pedían a mis tías acelerar el almuerzo porque el partido estaba porgramado para las 12:00 del día en el viejo estadio Melgar.
Desde la parte alta de nuestro domicilio se puede ver la tribuna sur
a la que papá asitía siempre. Tenía la costumbre de adquirir las
entradas en las boleterías del escenario. Había que formar
larguísimas filas para tenerlas entre manos, nunca compró una de la
reventa.
No recuerdo la fecha exacta, sí que eran inicios del año 1983.
Melgar causaba euforia entre los arequipeños por las excelentes
campañas de años anteriores. El rival de turno era Alianza Lima, de
cuyo plantel de primera recuerdo a "Caíco" Gonzáles Ganoza y al
"Mango" Olaechea en la defensa; un equipo de temer.
Luego del apresurado almuerzo César volvió a ver a la popular y
dijo: "Vámonos ya porque hoy no entrará un alfiler más". Dicho eso,
mi padre, Arturo, cogió las chompas, sus cigarros Premier y a mí
para acelerar el paso.
La cola para comprar las entradas en la parte baja de la torre de
oriente llegaba casi hasta la Av.Independencia. Con mucha paciencia
y viendo atentamente que nadie se cuele a la fila por fin tuvo los
tickets para ingresar. Otra gran barrera que franquear era la cola
que se dirigía la puerta de sur.
En efecto, las cuatro localidades estában repletas
de gente. Se
distinguían mucho más los
colores "Rojinegros" que los
"Blanquiazules". Mi corazón empezó a latir a mil por hora cuando
Melgar salió a la cancha. Obando, Ramírez, Campana, Genaro Neyra,
Ernesto Neyra, Guyo Ramírez, entre otros, recibieron tremenda
ovación. Inclusive recuerdo que había una orquesta instalada entre
sur y occidente, tocaba melodías de aliento.
Callado, atinaba solamente a ver lo que sucedía a mi alrededor. Los
ojos humedos de mi primo César, mi padre prendiendo su primer
cigarro, un vendedor de salteñas que alegremente gritaba "Cólicos,
Cólicos", la gente apretujada vestida de rojinegro, un hombre al que
decían super hincha porque tenía hasta los calzoncilos con los
colores rojinegros, la barra que gritaba a morir, etc.
Me parece que Olaechea anotó el gol para los visitantes. El
sentimiento melgariano era inmenso. Nadie dejaba de arengar a los
nuestros. Así, llegó la remontada, ganamos 3-1. Cada gol era un
festejo impresionante. Mi padre e cargaba porque todos se ponían de
pie para festejar y aplaudir al gran Genaro Neyra.
Melgar se metió en mi corazón y no saldrá nunca jamás. No
faltó una
fecha más en la que yo esté gritando !Vamos Melgar! en las tribunas.
Nació un poderoso sentimiento que se sumó al orgullo de ser
arequipeño. Miles de historias podemos contar los que nos jactamos
de ser melgarianos.
Hoy invito a ustedes a renovar nuestro compromiso con la institución
que nos da tantas alegrías y por la que sufrimos ante las
adversidades que la puedan acompañar. Más "Rojinegros" que nunca
gritemos juntos, incluyendo a mi padre desde el cielo: "MELGAR ES UN
SENTIMIENTO QUE LO LLEVÓ EN EL CORAZÓN" "VAMOS MELGAR SIEMPRE PARA
ADELANTE JUNTO A NOSOTROS".